Carlos Iberico, psicólogo experimental

Es casi imposible ser alumno de psicología y no conocer a este profesor. Ya sea porque nos ha enseñado algún curso o porque lo hemos visto hablando con otros alumnos en la rotonda; Carlos Iberico o Charlie, como le  gusta ser llamado, es uno de esos profesores que simplemente no pasa desapercibido. Sin embargo, muchos no sabíamos que más allá de su gusto por la psicología experimental es psicólogo clínico o que, por mucho tiempo, la psicología no fue su opción predilecta. Con la siguiente entrevista trataremos de conocer más a Charlie, quien se ha convertido en uno de los personajes más entrañables de nuestra facultad.

¿Cómo así decidiste estudiar psicología?

Bueno, ¿cómo sucedió esto? A ver… cómo te explico eso de una manera… vamos por el principio. Yo de 4to para 5to de media tuve una orientación vocacional en el colegio y en esa orientación salió como primera opción medicina, la segunda opción era ingeniería o algo relacionado con números y dentro de otras, la tercera opción era psicología. De una u otra manera a mí siempre me apasionó la medicina, en mi cabeza quería ser médico. Crecí con las noticias. Tú recordarás Blumenfeld y el caso del equipo de Sudáfrica, el primer trasplante de corazón de humano a fines de los 60s, eso me marcó. Las primeras operaciones de corazón abierto, con máquinas pulmón corazón que fueron trasmitidas hechas acá en el Perú… Yo quería ser cardiólogo. Recuerdo mucho cuando tenía 17 años pues yo estaba en cuarto de media y mi tutor nos hizo escribir una carta sobre “cómo nos veríamos cuando tuviésemos 30 años”. La encontré cuando yo tenía 31 años, antes de casarme, y me dio mucha risa porque yo en esa carta me veía siendo médico, trabajaba en el hospital y tenía consultas, estaba casado tenía hijos, etc. Bueno, en ese entonces ni era médico, ni estaba casado, ni tenía consulta ni tenía hijos, ¡nada de eso! De hecho, al acabar al colegio me presenté a Cayetano, no ingresé. Después a San Marcos, después me volví a presentar a Cayetano y después del tercer “no ingreso” experimenté una crisis. No tanto en términos de decirme “si yo era capaz” sino, como diría Festinger, en términos de “comparación social”. Cuando yo me comparaba con mis demás compañeros, todos eran universitarios y yo tenía año y medio ya después de haber acabado el colegio y no era porque no supiera o porque no fuera capaz académicamente de poder ingresar a la universidad. Eso, de una u otra manera, me molestaba. Y habían cosas que ahora pueden causar risa, por ejemplo, estábamos en una fiesta y todo el mundo sacaba su carnet universitario y yo no. Esos pequeños detalles me incomodaban demasiado, pues yo soy bastante renegón. A mediados del 85 tuve una larga charla con mi papá, él me dijo “Pero ¿y por qué no piensas en otras opciones? No te aferres a una sola. ¿Por qué no ves las otras posibilidades?”. Y yo le dije, “bueno, mi segunda opción es ingeniería. A mí me gustan los números pero vivir en los números… paso”. Mi viejo es contador, entonces yo le dije “Yo sé, tú te gustas, pero a mí…  yo puedo ser bueno en eso, pero no me veo viviendo de ello”. Entonces mi papá me dijo “Postula a la otra opción, postula a psicología”. En ese momento yo ni siquiera pensaba en psicología. Él me preguntó dónde había psicología y yo le respondí que en la Católica y me dijo que postulara. En ese momento la Católica era la universidad de mis amigos, no era la universidad que yo quería, porque yo estaba entre Cayetano o San Marcos, porque eran las facultades de medicina tradicionales. Decidí postular, pero esa vez ya no se lo comenté a nadie, pues no quería que me dijeran: “ ¿y cómo te fue?”, para después decir “no, no ingresé…” Entonces vine yo solito, me inscribí en el proceso, pagué, vine a dar mi examen; di mi examen, vine solo a ver mis resultados e ingresé. Yo considero que mi ingreso a Católica fue un ingreso medianamente sencillo, porque en la prueba que yo di… bueno, tú sabes que suelo tener buena memoria y debido a eso me fue fácil establecer posibilidades de descarte al momento responder las preguntas del examen. “Ya pues, acá no va… tiene que ser esto, no hay otra”, yo ya sabía la respuesta y no tenía que ponerme a pensar. Pero mi nivel de ansiedad… ahí viene lo gracioso. Yo me acuerdo que resolví 20 preguntas de razonamiento matemático, de las cuales 17 estaba seguro y 3 champié. Pero en la parte de razonamiento verbal me bloquee por mi propia ansiedad. Dejé mi lápiz y me puse a mirar el techo, tanto así, que la que cuidaba se acercó y me preguntó “¿te pasa algo?, y yo le dije “sí, estoy nervioso; pero me pongo a pensar en blanco, me relajo un rato y ya”. Se sorprendió un poco de mi actitud. Entonces, agarré y dije “bueno, como no puedo pasar, empezaré de la última pregunta hacia atrás”, y así lo hice y acabé. Luego ingresé y ya estando en la universidad decía “pucha, ¿y ahora qué hago?” porque una cosa es postular por la posibilidad y otra cosa es ya ingresar, ya estaba dentro. En ese momento volví a postular a San Marcos estando ya en la Católica y me dije “ya, la última”. Y esa vez me quedé por medio punto. No te imaginas cómo requinté, me amargué, mandé al diablo a medio mundo, creo que nunca he llorado con tanta cólera en mi vida pero dije “bueno ya. Será, pues. Qué voy a ser, psicología”. Y bueno, pasé a Estudios Generales y ahí tuve otras crisis: habría dos o tres cursos que eran muy memorísticos, siendo yo memorístico ¡pero me llegaba! Me llegaba por una sencilla razón, yo me acuerdo porque tuve otra charla con mi papá y decía “Papa, yo tengo buena memoria pero la universidad no puede ser para mí un retroceso en comparación al colegio. Yo en el colegio nunca he tenido un curso que tenga que aprender de memoria y ahora tengo que llevar cursos que son de memoria y eso yo lo siento un retroceso. ¿No se supone que la universidad es un nivel superior? Entonces hay un problema”. Mi papá inteligente me dijo “Ok, hagamos una cosa, eso es estudios generales, ¿por qué no esperas a facultad? Y si en facultad era así, ya cambiamos y quéjate”. Pero lo que viene de fondo era que yo me quería ir, uno de mis deseos era irme a estudiar afuera. La cosa es que bueno, ya seguí acá. Ya bueno, no te voy a contar mi historia ¿no? Pero, si tú me hubieses dicho hace 28 años atrás “oye mira, tú vas a acabar trabajando en la universidad Católica”, yo te hubiera dicho “¡Estas loco! Salvo que allí haya medicina”. Entonces, eso es más o menos en resumidas cuentas mi historia.

Y tú terminas psicología aquí y luego ¿Ahí es que sales a estudiar?

No, no salgo a estudiar porque a penas acabo empiezo a dictar. Bueno, yo ya había empezado a dictar en el año 90 enseñando inglés acá en la universidad, pero yo acabo el 91 y el 92 ya soy convocado para ser jefe de práctica, automáticamente, de aprendizaje. El bicho de la docencia estaba por ahí de una u otra manera metido, yo ya tenia dos años enseñando inglés. Enseñaba en lo que era el centro de idiomas. Algo que no había pensado estrictamente que podía hacer parte de… O sea, había habido algunos signos, en mi promoción el primero que se metió al laboratorio a ver cómo se trabajaba con los aparatos y rescatarlos fui yo con una profesora, Norma Reátegui y con la misma Mery; fomentaron en mí el interés. De hecho yo siendo alumno me fui a Concytec. Con dos compañeros más presentamos un proyecto de memorias espaciales en ratas albinas, que era una réplica de un memorias que se había hecho con hámsters, nosotros lo hicimos con ratas. Y conseguimos fondos de Concytec, fuimos, presentamos nuestro informe, fue en el año 89. Entonces, si te das cuenta, ya estaba metido el bicho experimental. Ya luego las cosas se fueron encaminando más o menos. En esa época, mi jefe de práctica de Aprendizaje, Alex,estaba yendo a hacer su doctorado en Lovaina. Conversando con él me decía “tú tienes que buscar un lugar donde puedas desarrollarte, te guste y no haya mucha competencia” y más o menos lo experimental me picaba. Empecé en Aprendizaje, pasé a Métodos de Investigación, que antes eran 2, métodos de investigación 1 y 2, y seguí trabajando con Mary. Luego en Motivación también trabajé, yo he sido jefe de práctica con Mary hasta el 2000, 2001 y de ahí lo dejé. En el año 96 Mary era coordinadora del departamento y me dijo “no, ahora tienes que dictar”. Me acuerdo que yo le dije “no, a mí déjame de jefe de práctica, yo estoy cómodo ahí, no quiero dictar”. “No, tienes que dictar, que esto que el otro”, tenía 29 años y así empecé en el 96 a dictar, con la responsabilidad que eso implicaba. Un jefe de practica se puede equivocar, ¿no? Un profesor no,pues. Al año siguiente me mandaron a Letras, a pelearme con los de Letras.

Acerca del posgrado, tengo entendido que fuiste a Bélgica ¿Es ese el único sitio al que has ido?

No, en el 94 me fui hacer un curso de verano a la universidad de Cambridge, para ser profesor de inglés. El título lo saqué por el Consejo Británico y me fui todo un verano de allá. Algunos sí sabían de esto, Agustín por ejemplo. Después por el inglés, yo más o menos fungía de traductor oficial de cada persona que venía a dar charlas. Incluso me tocó traducir charlas antes de enseñar. En el ‘89 me acuerdo que vino un grupo de profesores de la gente que hizo un doctorado en la Universidad Católica de Holanda: Cecilia thorne, Mary Claux, Chery. Ese año a mí me pidieron que dictara la traducción de la charla y yo era alumno. Y de hecho, ya después, cuando Cecilia se enteró, me pasó la voz para traducir un artículo de Psicología en el ´89. Lo traduje y sale: traducido por Carlos ibérico, alumno de la especialidad. Luego en el 2000, viene un profesor de la Católica de Lovaina de Bélgica a dictar una charla de aprendizaje, la cual yo traduje. Por otro lado, a fines de ese año recibo una carta que decía que había un programa de doctorado para irse a esta universidad (la Católica de Lovaina) y que había que contactar a alguien que yo conocía y así empezó todo. Entonces, ya son otras las experiencias de mis 4 años y medio por allá. Mi doctorado es en Psicología y la maestría no la terminé porque como yo no sabía si iba a salir mi doctorado o no, comencé a hacer mi maestría acá pero la dejé porque inmediatamente salió mi doctorado, y como no me pedían allá en ese momento tener la maestría, mejor aún.  Lo que pasa es que el nivel de formación que tenemos aquí es un nivel muy especializado que básicamente puede pasar con los años como un nivel de maestría. Eso es una cuestión que ya luego corroboré efectivamente. Uno no es consciente de eso hasta que puedes salir y darte cuenta de que la formación que has recibido no es la más linda, la más hermosa, la más maravillosa, pero es buena.

Bueno, yo tengo entendido que tu campo es lo experimental, pero dentro de experimental,  ¿qué ha sido lo que más has visto?

Yo dentro de experimental lo que he trabajado es el área particular de Psicopatología Experimental. Es más o menos tratar de ver cómo se da la sintomatología de ciertos trastornos desde una perspectiva experimental; en mi caso, la adquisición de miedo versus la adquisición de ansiedad. Es que hay miedo específico y miedo contextual. Por ejemplo, tú te pones a pensar en situaciones críticas: las personas le tienen miedo a la oscuridad, no porque la oscuridad en sí sea mala, sino porque está asociada a la incertidumbre. En la oscuridad no sabes qué va a pasar, no ves. Al estar asociada a la incertidumbre, realmente a lo que uno teme es a la incertidumbre. Es algo aprendido, y también aprendes a no temerle.

¿Y en relación a la ansiedad?

La ansiedad es algo relativo, difuso, no centrado, no especifico. Hay teorías que plantean que la persona no puede discriminar, entonces todo se vuelve amenazante. Si todo se vuelve amenazante estas sumamente alterado, activado lo cual te lleva fácilmente a expresar un nivel de ansiedad mayor. Entonces hay que diferenciar la ansiedad propiamente situacional -la ansiedad estado-  de la ansiedad inherente a uno, que es la ansiedad de rasgo.

¿Y en relación a estos dos temas en qué proyectos te encuentras trabajando actualmente?

Bueno, ahorita he dejado el área del Condicionamiento de Miedo y estoy trabajando el Aprendizaje Perceptual. Bajo la misma posición de Adquisición estoy viendo la Generalización. Cuando se presentan 10 círculos, cada uno 15% mayor que el otro, la gente, en el mejor de los casos, determina 3 o 4, que categorizas como grandes, medianos o chicos y no se da cuenta que son 10. Todo esto tiene que ver con los umbrales, todo lo que ves y se parece más lo categorizas. También estoy haciendo dos trabajos con Agustín Espinosa, uno de imagen chilena, es decir, cómo nos perciben y cómo los percibimos hacia arriba y hacia abajo. Vamos  a hacer un diseño experimental. También estamos haciendo un trabajo experimental para votación de candidatos electorales, sobre la asociación de candidato a elecciones, esto lo hicimos por internet y contamos con más de 820 participantes.

En relación a una corriente en particular, ¿cuál es la tuya?

Yo he sido formado terapéuticamente desde la corriente cognitiva-conductual. Hice una especialización de 2 años con Vicky Arévalo.

Me dijiste que habías dictado Aprendizaje, Métodos y Experimental. ¿Cuál te ha gustado más?

El que más me gusta es Aprendizaje, es el curso con el que empecé. Es el que más me gusta porque con ese empecé y es un curso clásico. Lo he dictado en Educación, en Arte y Letras. También he dictado como jefe de práctica de Psicología del Aprendizaje, Motivación, Métodos I y II y también de Desarrollo. He enseñado aprendizaje Métodos I y II, Métodos de Investigación en Clínica, Personalidad, Psicología del Ajuste y Psicología Social Experimental.

¿Qué momentos consideras como hitos en tu vida?

Mi nombramiento en la universidad como profesor a tiempo completo, que no estaba previsto para mí en ese momento. El paso de la jefatura de práctica a la docencia al expandirme a Estudios Generales Letras. El reinsertarme en el 2007 a dictar después de un paréntesis de 5 años, volver a entrar en la dinámica me costó, pues yo me dedicaba más a investigar.

¿Cómo te vez de aquí a 5 o 10 años?

Seguiré en la universidad, probablemente ya sea profesor principal. Podría armar más el laboratorio. Lo importante aquí es preparar gente que pueda ir reemplazándome y si pueden ser mejor, genial. Estas personas tienen que salir y volver al país, esto es importante para la universidad y para todos. Una de las ventajas de viajar es darte con que la perspectiva que tienes no es la única y esto es enriquecedor y si lo asocias a tu formación personal es doblemente enriquecedor, porque te ayuda personal y profesionalmente. No sé qué más me depara, espero solo seguir trabajando en lo que quiero.


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