Un semestre en Francia

Mi nombre es Liszet Farfán Reto, soy alumna de psicología clínica de la PUCP y formo parte de la Asociación Encuentro Psicológico. El ciclo pasado tuve la oportunidad de irme de intercambio a la Université Catholiquede Lyon (UCLy), Francia y quisiera contarles un poco sobre mi experiencia. Generalmente, cuando uno piensa (o al menos yo lo pensaba así) en un intercambio al extranjero; este parece algo lejano, complicado y difícil de conseguir, ya sea por el dinero, el idioma, por irse lejos, etc.; sin embargo, creo que esto no es del todo cierto.

Para comenzar a contarles sobre mi experiencia, primero deben saber que yo nunca pensé en irme de intercambio. Conozco personas para las que sí es todo un sueño irse y siempre lo han pensado como una posibilidad. Para mí siempre fue algo que, si bien era una oportunidad increíble; pues no me interesaba mucho, yo estaba bastante conforme con estudiar en Perú y en la PUCP. Un día conversando con una amiga, ella me contó que quería ir a la charla informativa que daba la universidad sobre los intercambios para el siguiente semestre. Decidimos ir juntas, aunque yo más por curiosidad y por si habían bocaditos. Fuimos y escuchamos la charla donde nos explicaron todo lo relativo al intercambio y salimos muy motivadas para postular, pero siempre quedaba en mí esta idea de la dificultad de pasar por todo el proceso. Los días pasaban y yo seguía sin estar muy convencida, hablé con mi familia, amigos y profesores, y todos me decían que era una oportunidad que no podía dejar pasar; así que al final decidí intentarlo y envié mis datos en la fecha límite. En los días siguientes me citaron para la entrevista y me preguntaron sobre mi proyecto de estudio y mis motivaciones. Los resultados finales demoraron en llegar y para ese entonces yo pensaba que no me habían elegido pero cuando abrí el correo vi que era lo contrario: el próximo semestre me iría a Francia a estudiar.

Los meses previos al intercambio sí fueron bastante difíciles para mí. Tuve que aprender francés (sí, porque no sabía absolutamente nada) a un ritmo súper acelerado; aún tenía un semestre en la PUCP antes de irme así que tenía que estudiar, realizar trabajos, exámenes, etc., y el equilibrar esas dos cosas junto con comer, dormir, estar con mi familia y con mis amigos, pues fue complicado, pero al final todo resultó bien. Sin darme cuenta llegó el día de irme a un continente que quedaba al otro lado del mundo y además, ese iba a ser mi primer viaje al extranjero y la segunda vez que viajaba sola. Me despedí con mucha pena de mis amigos y mi familia, pero a la vez con emoción de conocer todo y me fui. Los primeros días en Lyon estuvieron llenos de papeleos, trámites con la residencia donde viviría, con la universidad, con la embajada, etc. Además, me dijeron que recién tendría internet un mes después y dados los tiempos actuales en los que vivimos, donde uno busca absolutamente todo en internet, pues parecía irreal hacer cosas sin él. Con los días salí a conocer la ciudad, a comprar lo básico para cocinar y para comer, y también comencé a conocer a los otros estudiantes que vivían en mi edificio. Había personas de Colombia, México, Brasil, Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Australia, España, Alemania, Rusia, Marruecos, Polonia, República Checa y por supuesto, muchos franceses que venían de otras ciudades que no eran Lyon.

Dos semanas después de mi llegada comenzaron las clases en la universidad, yo había elegido mis cursos desde antes de irme pero cuando llegué tuve que cambiar algunos porque no todos se abrían ese semestre. Los cursos que llevé fueron Neurosciences (Neurociencias), Penser le corps souffrant (Pensar sobre el cuerpo que sufre), Interventions et thérapies alternatives (Intervenciones y terapias alternativas), Psychopathologie de l’enfant (Psicopatología del infante), Psychopathologie (Psicopatología), Présence à soi pour un mieux être au quotidien (Presencia ante uno mismo para ser mejor en el día a día) y Ethique de la vie affective (Ética de la vida afectiva). Gracias a este intercambio pude contrastar un poco la enseñanza universitaria de la PUCP; en específico de la especialidad de Psicología, con la que se imparte en Francia. En primer lugar, en cuanto al sistema universitario, los estudiantes franceses después de la última etapa del colegio rinden un examen para obtener el “Baccalauréat” o simplemente “Bac”; el cual les otorga un diploma indispensable para comenzar una formación de enseñanza superior (universidad, écoles, etc.). Este diploma puede ser un Bac general, tecnológico o profesional, y cada uno con especializaciones en diversas áreas. El Bac podría compararse con lo que en la PUCP son los Estudios Generales pues acredita cierto nivel de conocimientos. Luego, cuando los estudiantes franceses entran a la universidad, para obtener el nivel de Licence solo deben estudiar 3 años más, que vendría a ser como pasar a Facultad para nosotros. Al término de 3 años, y nosotros de 5, ambos hemos acabado los estudios universitarios. Sin embargo, en Francia como en muchos otros países, los estudiantes continúan con sus estudios superiores y es algo casi automático el acabar la universidad y comenzar el siguiente semestre la Maestría y posteriormente el Doctorado.

En cuanto a la carrera de Psicología también encontré algunas diferencias. Allá no había una división en ramas dentro de la carrera, al menos no en pregrado. Por eso al inicio de clase cuando todos se presentaban, el resto de estudiantes se sorprendían de que yo estuviera en Psicología Clínica en específico. Así mismo, la universidad de Lyon ofrecía preparación para las personas interesadas en postular a los Écoles especializados en el sector paramédico (enfermería, especialista en psicomotricidad y ortofonista)  y en el sector social (asistente de servicio social, educador de niños jóvenes y educador especializado). Estos estudiantes seguían en gran parte el plan de estudios de Psicología y luego postulaban a las instituciones correspondientes, pero la universidad les daba la ventaja de que en caso no consiguieran vacante en los écoles pudieran quedarse en la universidad y terminar la carrera de Psicología. En cuanto a los cursos también fue un poco diferente. Por ejemplo, la parte teórica y la parte práctica de los cursos estaban separadas de modo tal que, cada una tenía sus propios créditos y su propia nota. El método de evaluación de los cursos que yo elegí, no incluía una evaluación continua y en algunos casos, había una sola evaluación escrita al final del semestre y pocos trabajos en otros. El material de estudio consistía en la bibliografía general del curso, no había lecturas obligatorias como estamos acostumbrados en la universidad. Era más bien cuestión de cada uno el sacar los libros y leerlos completos o seleccionar qué leer, lo cual hacía que el estudiante tuviera mayor responsabilidad en su propio proceso de aprendizaje. La información que se daba en la clase generalmente era de forma verbal, lo cual implicaba un mayor nivel de atención de mi parte, pero dado que para mí era en un idioma extranjero, pues al inicio sí tuve ciertas dificultades para entender, retener y escribir las ideas principales, todo al mismo tiempo. Con el tiempo me acostumbré al ritmo de las clases y al idioma y todo comenzó a parecer más sencillo.

Entre otras cosas, pude constatar que la psicología en Francia está bastante influenciada por el Psicoanálisis y la presencia de otras corrientes teóricas es casi inexistente. Sin embargo, habían alumnos muy interesados en conocer otros marcos teóricos que les sirvieran en su trabajo futuro. Esto lo pude comprobar con el curso de Intervenciones y Terapias Alternativas donde nos enseñaron una terapia diferente cada semana, y a pesar de ser la primera vez que se dictaba ese curso, a fin de ciclo muchos de los alumnos tenían sugerencias muy interesantes para que se incluyeran en el próximo semestre. Así mismo, la enseñanza en la universidad era más teórica que práctica. En ningún momento se contactaba con gente para tomarle pruebas o para hacerle seguimiento a un caso clínico. En Psicopatología del Infante la profesora nos dictaba la teoría y nos contaba de los pacientes que había tenido; y en Psicopatología teníamos unos 20 casos clínicos por escrito y cada clase eran exposiciones sobre un caso y su posible diagnóstico. Estos 2 cursos fueron los más difíciles para mí, pues en Francia no es muy común utilizar la clasificación del DSM IV-TR, en lugar de eso ellos utilizan y se enseña en la universidad la Clasificación Francesa de los Trastornos Mentales del Niño y el Adolescente (CFTMA). Esto hizo que tuviera bastantes confusiones al momento de intentar dar un diagnóstico, pues incluso los mecanismos de defensa y angustias también variaban en cierto modo. A pesar de este cambio inesperado, para mí fue muy interesante ver otra perspectiva de la Psicología y aprender que la que se dicta en nuestra universidad no es la única posible. En cuanto al curso de Neurociencias, este tenía un corte más científico en comparación con la PUCP. Se promovía bastante la lectura de investigaciones recientes sobre los diversos temas el curso, así como la interpretación de las mismas. Uno de los cursos que más me gustó fue Pensar sobre el cuerpo sufriente, pues en este se buscaba reflexionar, desde una perspectiva psicológica, antropológica y ética, sobre el sufrimiento y el dolor que experimentan las personas y cuál es la relación que tienen con esto, dentro de un contexto de significación. Finalmente, llevé dos cursos que pertenecían al departamento de Formación Humana, los cuales eran menos teóricos, más reflexivos y muy interesantes. En Presencia ante uno mismo para ser mejor en el día a día, aprendí el Método Vittoz de relajación psicosensorial. Este consistía en ejercicios mentales y prácticas psicosensoriales que nos ayudan a restablecer nuestro equilibrio natural y a desarrollar consciencia de uno mismo y de la unidad que somos. Y en el curso Ética de  la vida afectiva reflexionamos sobre el amor humano y las diversas dimensiones de la vida afectiva, amorosa, sexual y social de la persona y de la pareja.

Para mí, la experiencia del intercambio fue algo muy enriquecedor en todos los aspectos. Desde cosas simples como que antes de comprar un jugo en la tienda, tienes que comprar el vaso donde lo vas a tomar, hasta cosas complejas como llegar de algún modo a un hotel en Berlín a las 10 de la noche, sin saber alemán y con un inglés que prácticamente he olvidado gracias al francés. Irse de intercambio es más que irse a estudiar a otro país, es algo que revoluciona por completo tu vida y tu modo de ver la vida. Es sumergirse en un país que no es el tuyo, con una lengua que no es la tuya (a veces), con costumbres diferentes, que puede que no las entiendas pero con las cuales tienes que aprender a convivir y a respetar, y que en algún punto hasta se vuelven tuyas. Es estar literalmente solo y valerte por ti mismo, aprender a ser capaz de resolver lo que te pase, sea lo que sea, por una cuestión de pura supervivencia. Y tal vez uno lee esto y se asusta porque suena difícil, pero una de las cosas más satisfactorias que se pueden experimentar es verte a ti mismo y sentirte tan orgulloso porque pudiste arreglar ese problema que tenías y ahora no importa lo que la vida te traiga porque todo es un chancay de a veinte (sí, a veces uno regresa un poco omnipotente del intercambio). Además, tuve la oportunidad de conocer otras partes de Francia (Paris, Versailles, Grenoble) y de poder viajar a otros países como España, Alemania y Bélgica.

De la misma manera siento que aprendí bastante en la universidad. Comprendí que nuestra manera de concebir la psicología no es la universal ni necesariamente mejor que otras, que los conceptos varían dependiendo de qué sea lo más importante para ti estudiar. Aprendí que los temas de interés varían dependiendo el contexto, pues cada país tiene sus problemas centrales y hasta sus propias “patologías” y me pareció realmente interesante que Francia tuviera su propia clasificación de problemas mentales. Asimismo, me sorprendió el énfasis que le daban a otras terapias u otras especializaciones, que en Perú no son muy populares o incluso a veces no son tan tomadas en serio. En Francia habían muchos centros de enseñanza superior para las personas que quisieran ser ortofonistas, enfermeras, especialistas en psicomotricidad, etc.; y también habían centros de formación en sofrología, método Vittoz, terapias en situaciones de crisis y de urgencias en los centros de trabajo, la hipnosis ericksoniana, la EMRD (terapia de reprocesamiento y desensibilización a través del movimiento ocular), entre otros.

Creo que lo más valioso del intercambio es que me dio la oportunidad de conocer a muchísimas personas de países muy diferentes y de todas partes del mundo. Conocí a gente que como yo, estaba media perdida al principio, pero que siempre se mostró muy amable y no dudó en compartir conmigo su cultura e invitarme a conocer su país en el futuro. Personas geniales con las que en esos meses compartí muchísimas cosas, muchos crêpes, vinos, pralines, salidas, carreras para no perder el funicular, dar dos besos al saludar, confusiones de idiomas (inglés, español, francés, checo), ofertas de ropa de invierno (que recién me servirán en unos meses), estrés de trabajos y exámenes, comidas en la cocina (un poco embarazosas para los que no sabíamos cocinar), mi primera nieve y muchas risas sobre todo. Hice amigos que ahora están cada uno en su país y algunos siguen en Francia, pero con los cuales sigo conversando y tengo recuerdos muy bonitos y una promesa de volvernos a ver. Y finalmente, también debo decir que estos meses en Francia sirvieron para unirme más con mi familia, hacer Skype con la diferencia horaria fue todo un reto pero que siempre valía la pena para ver sus rostros en la pantallita borrosa, para enseñarles la nieve por mi ventana y ellos el sol en mi casa. Y también con mis amigos de aquí, a veces no dormir para hablar por Facebook a horas no adecuadas, correos resumen de mi vida por Gmail y varios “Me gusta” para no perder el contacto.

Si alguien me pregunta por mi intercambio, yo diría que es una de las mejores cosas que me han pasado en la vida y no cambiaría por nada del mundo todas mis soirées con mis amigos en Lyon.

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