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Reseña: “The neurobiological consequences of early stress and childhood maltreatment”

Continuando con la sección de reseña de artículos, aquí les presentamos una investigación realizada en el 2003 por Martin Teicher: The neurobiological consequences of early stress and childhood Maltreatment

Las consecuencias neurobiológicas del estrés temprano y  el maltrato infantil

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En este artículo se describen las consecuencias neurológicas del maltrato infantil, el cual sea encontrado asociado a la salud psiquiátrica y a las disfunciones de la conducta. Asimismo, en cuanto a las consecuencias neurobiológicas, el estrés implica una alteración en el desarrollo del cerebro, especialmente en funciones como  la metilación, la sinapsis, la neurogénesis, el pruning y los periodos sensitivos. Al parecer, se ha encontrado que estas funciones se ven deterioradas cuando la persona está expuesta a maltrato o a estrés en una edad temprana.

Al hacer comparaciones experimentales entre una muestra con historia de estrés temprano y un grupo control saludable, dicha investigación encontró correlación entre el estrés y las consecuencias neurológicas de este estrés. Por ejemplo, manifestaciones neurobiológicas relacionadas con la reducción del tamaño del hipocampo (el cual es un órgano especialmente sensible del cerebro), también se relacionan con el incremento de la dopamina y la disminución de la serotonina. A pesar de estos hallazgos, los estudios no revelan información suficiente para poder establecer la existencia de una relación causal entre estas variables.

Sin embargo, la presente investigación plantea una hipótesis alternativa en la que el cerebro logra una forma de adaptación para conseguir sobrevivir en una ambiente amenazador o muy estresante. Esta nueva alternativa hipotética refiere que el cerebro debido a estas experiencias de maltrato y estrés, se modifica y tiende a adaptarse a este tipo de ambiente amenazador y estresante. Las funciones adoptan un estado de continua alerta y el cerebro se adapta para responder en caso de ataque; por lo tanto, el sujeto está permanentemente a la defensiva. A pesar de esto, esta postura defensiva no es necesaria en un ambiente sin mucho estrés, por lo que no sería adaptativa frente a contextos más benignos.

Finalmente, en este artículo se explica una de las formas de plasticidad cerebral y esto nos sirve de evidencia de cómo el ser humano está diseñado para adaptarse a una infinidad de contextos. Podría decirse que generalmente, el cerebro humano logra encontrar una forma de adaptarse a la más difícil de las circunstancias y le “saca la vuelta” a la situación. Con estas experiencias de maltrato y de estrés, el cerebro encuentra una manera de adecuarse y usa sus herramientas para amoldarse a las circunstancias. Este artículo nos muestra un lado más positivo, donde más allá de los defectos que puedan generar el maltrato y el estrés sobre las funciones neurológicas, se enfatiza en cómo el cerebro humano es capaz de adaptarse y de responder ante los más difíciles contextos que se le pueden presentar.

Teicher, M., Andersen, S., Polcari, A., Anderson, C., Navalta, C., Kim, D. (2003). Sciencedirect. The Neurobilogical consequences of early stress and childhood maltreatment, 27(1-2), 33-44. recuperado de http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0149763403000071

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Reseña: “Men who experienced violence or trauma as children or adolescents and who used violence in their intimate relationships”.

Les presentamos una nueva área de nuestro blog que estará dedicada a la presentación de reseñas de artículos publicados acerca de diferentes temas que se consideran importantes para nuestro aprendizaje, así como para estar en contacto con investigaciones recientes y conocer distintos temas que se están desarrollando es otros contextos de investigación.

En particular, en este post se presenta una investigación llamada “Men who experienced violence or trauma as children or adolescents and who used violence in their intimate relationships” (Wei & Brackley, 2010) cuyo propósito principal es entender la experiencia de vida de hombres que han cometido actos violentos contra sus parejas para poder desarrollar modelos de intervención con la finalidad de prevenir la violencia contra la mujer. Para ello, se utilizó una investigación de tipo cualitativa y con corte fenomenológico, en el que se entrevistó, de manera inestructurada, a siete hombres que asistían a un programa de intervención para personas violentas. Los entrevistadores recolectaron la información hasta “saturar” a la muestra, es decir hasta que no hubo información nueva que apareciera en la entrevista.

A partir de las entrevistas emergieron tres temas: el primero de ellos era que estos hombres había participado en una cultura familiar que promovía la violencia; el segundo tema fue que pertenecían a un ambiente cultural no familiar que promovía violencia y el tercer tema estaba relacionado con experiencias tempranas de maltrato o trauma. Para ello, los investigadores definieron claramente los constructos maltrato, trauma y cultura.

Para explicar estos temas, los investigadores recurren a los testimonios de los participantes recogidos en las entrevistas, así uno de ellos relata sus experiencias familiares en las que la violencia se convirtió en un medio de relación. Otro comenta que de niño se sintió abandonado por sus padres ya que éstos estaban inmersos en el mundo del alcohol y las drogas por lo que era él quien asumía el papel de cuidador. Un tercer participante afirma que debido a la muerte de sus padres y a que no recibió ningún tipo de ayuda psicológica luego de tener una pérdida tan significativa se involucró con alcohol y drogas. Los investigadores creen que dichas experiencias de pertenecer a familias que promueven violencia influye en el posterior desarrollo de violencia hacia sus parejas.

El segundo tema es sobre pertenecer a ambientes no familiares que promueven violencia. En este punto los participantes cuentan acerca de cómo el haber permanecido en un contexto como prisión en la que existe gran violencia influyó para que desarrollen conductas agresivas en sus relaciones. No solo la prisión es un ambiente violento, sino también los centros de trabajo puesto que se desarrollan conductas en las que el respeto no es una característica principal.

El tercer tema es haber tenido experiencias tempranas de maltrato, en esta variable, seis de los siete participantes relataron estos momentos difíciles. Uno de ellos afirmaba haber presenciado el maltrato que recibía su madre por parte de su padrastro, aunque él prometió no convertirse en un hombre violento con sus parejas no pudo romper el ciclo de violencia a pesar de que cesó el maltrato físico sobre su pareja, le fue imposible evitar el maltrato verbal hacia ella. Los seis participantes coincidieron en que el haber presenciado maltrato en su familia fue un factor determinante para que ellos reprodujeran estas conductas negativas en sus relaciones de pareja.

A manera de conclusión los investigadores afirman que el pertenecer a ambientes familiares y no familiares que promueven violencia y el haber tenido experiencias tempranas de maltrato hace que las probabilidades de que desarrollen conductas violentas contra sus parejas son altas. En ese sentido, estas características por separado se convierten en factores de riesgo que deberían ser detectados por las unidades gubernamentales que se encargan de niños y adolescentes, para que teniendo en cuenta ello se pueda identificar aquellas poblaciones en riesgo con la finalidad de realizar intervenciones tempranas que logren evitar el desarrollo de conductas agresivas.

Este artículo es útil para tener evidencia de que la exposición temprana a violencia va a traer consecuencias negativas para la persona, no obstante no se logra determinar si uno de los tres factores es un elemento que podría predecir con mayor precisión el posible desarrollo de conductas violentas. El número reducido de participantes también es un punto en contra puesto que impide extrapolar los resultados; asimismo la experiencia subjetiva de la persona podría ser una desventaja en la investigación ya que la percepción personal no siempre coincide con el contexto real vivido por los participantes. En ese sentido, resultaría interesante investigar acerca de cómo se desarrolla este tema en nuestro país, ello daría luces de las raíces de la conducta violenta masculina en las relaciones de pareja.

Pueden encontrar el artículo completo haz click aquí.

Referencia bibliográfica:

Wei, C & Brackley, M. (2010). Men Who Experienced Violence or Trauma as Children or Adolescents and Who Used Violence in Their Intimate Relationships. Issues in Mental Health Nursing, 31(8), 498-506.


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